
Solía salir con mi hijo los Domingos al Forestal. Enervante visita para mi, esos juegos repletos de niños gritones que arrastraban los pies en la arenilla, los pintadores de rostros que los dejan de espanto, los chicos eléctricos que al tocar el resfalín sacaban chispas con el roce y ese baño público siempre lleno.
Mi hijo se hacía uno más en esa masa dominical de infantes polvorientos, pintados, pegagosos y felices y terminaba como ellos...excepto porque jamás pagué para que lo pintaran de mutante.
Todo cambió para mí cuando comenzaron a llegar los "viajeros" al parque, con grandes mochilas o bolsos, se tiraban en el pasto, algunos se fumaban sus pitos sin molestar a nadie,esperaban el momento específico en que una horrible micro verde musgo se retirara del bandejón,entonces; comenzaban a sacar verdaderos tesoros :ropa vintage, zapatos, vinilos, libros, películas y posters, souvenirs para todos los gustos.
Tuve la suerte de ser parte de la génesis de está gran feria urbana, la que esperaba ansiosa los domingos era yo y el que comenzó a detestar el polvo,el olor "extraño" y la gente "rara" era mi hijo.
Había un consenso; primero los juegos después las compras.
Sin darme cuenta pase de compradora a vendedora, decidida heché a mi bolso de viaje todos mis vestigios de chica gótica, mi hijo ponía los precios a nuestros tesoros y también hicimos el pacto de repartirnos miti y mota el botín al cerrar nuestra: "boutique del árbol", como la bautizamos.
La magia acabó un domingo negro, en el cual volaron los zapatos, las poleras, los cds...los queques de marihuana y muchos de los "viajeros" subieron al indeseado bus verde.
Corriendo,con mi hijo llorando,mi bolso semi vacío y sin un peso de ganancia ,se cerró abrutamente mi negocio.
1 ¿Algo que aportar?:
brillante, gran anecdota.
queda algo de los ropajes goticos, la musica, la vision de vida?
saludos
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